jueves, 16 de noviembre de 2017

Metal Gear Solid

Es difícil mirar atrás con ciertas obras y no sentir ese pinchacito de nostalgia… Esa agridulce mezcla de indulgencia y recuerdos que nos llevan a la primera vez que pudimos disfrutar de esa obra tan maravillosa. Y esa es la sensación que he tenido con Metal Gear Solid porque aunque es mi tercera vez ante la primera y única gran odisea de Solid Snake en la PSX. La he sentido como si fuera la primera con todos los sentimientos que eso conlleva…



Somos Solid Snake ¿Nuestro objetivo? Infiltrarnos en Shadows Moses, asegurar al Jefe DARPA y al presidente de ArmsTech, Kenneth Baker, además de detener al equipo de fuerzas especiales FOXHOUND que han sido los autores del secuestro y que planean lanzar un ataque nuclear contra la casa blanca si no se cumplen sus exigencias. Hasta ahí la cosa va bien parece simple pero los tiros no van por ahí (Y no… no lo digo porque en este juego cueste apuntar que también).


Cuando te sientas y empiezas a conocer a los diversos personajes que pueblan la base de Alaska, quienes son  y su relación con la guerra, como le ha condicionado, convertido en quienes son, pasando por el mismísimo Solid Snake, hasta su archienemigo y némesis Liquid. Así cómo funciona la industria nuclear junto con su impacto disuasorio y político solo puedes decir: ¡¿WHAT!? ¿Pero este no era un juego de sigilo con sabor a películas de acción de finales de los 80 y principios de los 90?


Este es uno de los muchos personajes interesantes

 Metal Gear Solid es como una cebolla que tiene varias capas y varios mensajes que ofrecer si el que lo juega esta dispuesto a mirar, fijándose en los detalles es un juego de sigilo pero también es un juego antibélico así como uno que habla de la identidad y el destino a través de la genética. Todo gracias a la vorágine de personajes y situaciones que rodean a Snake y hacen que el guión se escriba prácticamente solo.

Pero no todo es oro lo que reluce en lo que ha argumento se refiere, uno de las taras de esta obra al menos para servidor es ese elemento tan común japonés sobre todo en anime y películas clásicas es “La redundancia” o esa manía de contarte hasta lo más evidente o sobre explicar lo ya explicado siendo innecesario hacerlo, que más que generar tensión dramática durante las conversaciones me produce ganas de cortarme las venas dormir… Eso combinado con momentos surrealistas como que un señor destruya un tanque solo con granadas o que una rata se coma una importantísima tarjeta de seguridad (Ya sabéis si alguna vez no habéis hecho los deberes, decidle a vuestro profesor que se lo ha comido una rata, si ha jugado a MGS lo entenderá) son pequeñas taras que reducen la calidad de una experiencia de guión redonda.


Puta Rata...

Pero aun no he hablado del gameplay. Mecánicamente Metal Gear Solid es tosco, simplón, junto con una ristra de apelativos descalificativos que se pueden resumir el que el juego ha envejecido mecánicamente mal, cuando llevas unas horas al mando te acostumbras, pero en los primeros compases el juego el paso del tiempo se nota… Se nota desde el mismísimo desplazamiento lento y torpe de Snake al correr (La acción de caminar es prácticamente inexistente) la acción de utilizar un arma en sí, que requiere la parafernalia de apuntar en un eje de 180 grados solo utilizando las direcciones ya que no podemos ni apuntar en primera persona, ni mover la cámara mientras lo hacemos, eso combinado con solo unas cuantas armas se manejan en primera persona o tienen una mira laser así que preparaos para fallar más que si utilizarais una escopeta de caña. Para poner la cerecita sobre el pastel, Snake tiene un set de movimiento desarmado ínfimo que consiste en un combo de tres golpes en muchas ocasiones tremendamente impreciso y una ejecución sigilosa por detrás que tarda en ejecutarse más de lo que debería (Pulsar el botón de arma como un negro hasta que se escuche un *CRACK*).

Y sí este es un juego de sigilo, no de acción propiamente dicha dirán algunos por lo que mis quejas no tienen mucho sentido… Hasta que el juego te planta delante de un Boss que la única forma de superar es vaciando su barra de salud o me pone en una situación en la que la única manera de zafarte es pegando tiros o huyendo mientras lo haces, todo lo citado previamente influye. Sobre todo en las peleas desarmado contra jefes que solamente hay dos en todo el juego y son terriblemente aburridas y simplonas.


Uno de los citados momentos...

Con todo esto Metal Gear Solid es uno de esos juegos que te deja marcado tanto para bien como para mal y que si te conquista el corazón lo hará para siempre pese a sus limitaciones graficas y técnicas. Ya estoy deseando infiltrarme de nuevo en Shadows Moses ¿Y tú?



1 comentario:

  1. Me ha gustado como has trasmitido las horas que has pasado jugando este título, dejando una idea muy clara de cómo se vive cada minuto dentro del juego. Sigue así coño! No vale decir que tus nuevas publicaciones se las ha comido una rata e.e

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